Ese estado pleno de unión, de compromiso, de andar de la mano y, si no, sentirte incompleto, casi desnudo. De alegrarte al oirlo, de alegrarte porque el otro se alegra de oirte, de mirarse y entenderse, de querer pasar cada segundo a su lado, aunque sea en silencio. Y que los silencios sean cómodos, y no un detonante para que salte la alarma interna.
Claro, por supuesto que me acuerdo de las idas y venidas, de las charlas interminables porque ninguno era capaz de colgar, la emoción por llegar y la manera en que me recibías. Pero se acabó, y no lo echo de menos.
Todo se nubló, pero hoy me he dado cuenta de que, entre todo lo malo, me dejaste algo mucho más importante: una barrera que permite que hoy no me desborde, que no salga corriendo ni tampoco me encierre en un cuarto aislado, ni empiece a pensar en soluciones algo más cobardes.
Que cada despedida la tome como la última y esta vez no me pille por sorpresa el no volver a verte. Tú no eres tú, eres todos y siempre serás el verdugo que me robó la ilusión, que se llevó por delante todos los listones.
Todo se nubló, pero hoy me he dado cuenta de que, entre todo lo malo, me dejaste algo mucho más importante: una barrera que permite que hoy no me desborde, que no salga corriendo ni tampoco me encierre en un cuarto aislado, ni empiece a pensar en soluciones algo más cobardes.
Que cada despedida la tome como la última y esta vez no me pille por sorpresa el no volver a verte. Tú no eres tú, eres todos y siempre serás el verdugo que me robó la ilusión, que se llevó por delante todos los listones.
Y yo vuelvo a ser esa niña tonta que se queda hablando sola y triste sin que ya sea problema tuyo. Esa chica llorosa al otro lado del cristal donde nuestras manos intentaron encontrarse por última vez. Esa estúpida desconfiada que ya no sabe si sufre por orgullo, o si sigue llorando por la estela que dejaste y de la que no logró desprenderse.
Ya no sé si lloro por ti o por él, ni tampoco por qué no deja de llover delante de las páginas que parecen contar siempre la misma historia de diferentes maneras. Ya no sé lo que quiero. Ya no sé estar con nadie, pero tampoco sé estar sola.

2 comentarios:
Me ha parecido muy muy bonito tu texto. Quizá lo que más me guste sea esto: "Tú no eres tú, eres todos y siempre serás el verdugo que me robó la ilusión"
Cada persona deja una estela en el alma, eso no lo puedes evitar, pero esa estela no siempre es positiva, o si lo es, no es más que eso, una estela.
Llorar sirve cuando uno necesita "desbordarse" un poquito, para luego poder recomponerse, pero las lágrimas han de cortarse pronto para volver a empezar de nuevo, esta vez más decidida y segura de tí misma.
Porque hay que darse cuenta del valor del "yo", ya no sólo del "yo+tú". Ese "yo" que hace que sigas adelante, que te ilusiones por otras cosas, que encuentres nuevas gentes a las que admirar o con las que compartir algo, aunque sólo sea una sonrisa o una afición.
Cada persona que pasa por tu vida te marca de una manera diferente, pero hay que saber cuándo olvidar, aunque duela, y que el estar solo no tiene nada de malo, sino que tal vez era lo que necesitabas, una libertad que, aunque no lo sepas, anhelabas y que ahora te abre múltiples posibilidades de vivir a tu aire, sin depender de nadie. Y créeme, hay tantas cosas por hacer, que no hay mejor momento que ahora para empezarlas todas :)
:) gracias Ro. Seguiré tu consejo ^^ Nada de lágrimas, que tengo demasiado que estudiar :D
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